La realidad irreal del lenguaje

En estas cavilaciones estamos cuando, de pronto, el cielo de la noche negra se vuelve rosado. Saliendo por detrás del risco de un acantilado, somos sorprendidos por el falso comandante Aukan, que nos amenaza con su pistola de rayos paralizantes. Me apercibo de que nuestros pasos nos han guiado hacia el mismo lugar en el que yo había sido abordada anteriormente por el agresivo holograma.
-Caerán las estructuras de la depredación y el despojo imperialista cuyo ignominioso reinado está llegando a su término…-comienza a predicar la imagen tridimensional.
El comandante verdadero tarda unos cuantos minutos en salir de su estupor. Al principio, cree que se trata de algún problema de compatibilidad entre su cerebro y el nuevo LAD implantado. Pero luego cae en cuenta de que está siendo amenazado nada más y nada menos que por sí mismo. ¿Cómo es esto posible?
Los dos Aukanes, le verdadero y el falso, se trenzan en una descarnada lucha.

| Categorías: Comandante Aukan, Todas

Una dimensión del espacio donde la acción es inacción

Con la ropa hecha jirones y el rostro arañado, el verdadero Aukan observa a su vencido alterego cuyo cuerpo, tumbado contra unas piedras de sílice, es atravesado por unos glitchs fosforescentes cada vez más frecuentes.
En el transcurso de la lucha, el Aukan verdadero se ha hecho con la pistola de rayos. El falso Aukan intenta incorporarse y amaga con volver a atacar. El verdadero no duda un segundo y dispara sobre él la carga del arma, enviando automáticamente al holograma del comandante, en un puente Einstein Rosen, hacia alguna otra coordenada espacio-temporal del cosmos.

| Categorías: Comandante Aukan, Todas

A veces, los más terribles errores terminan siendo los más grandes aciertos

La revolución es el único camino. La revolución es un sueño eterno. La revolución es ahora. La revolución no necesita más autorización que la de ella misma. La verdadera revolución se lleva en el corazón y no en la boca. La revolución es, a la vez, virtud y terror.
Me despido de Aukan con un fraternal abrazo y, dejándolo con su revolución poética lunar, y parto rumbo a la Ciudad Imperial. Ahora que llevo conmigo el sustraído libro de Kublai Khan, muchas cosas tendrán que aclararse en el palacio. Y también en la Biblioteca.

| Categorías: Comandante Aukan, El Khan, La Biblioteca del Khan, Todas

Circulando por las autopistas de viento lunar

Algunos de los viejos rinocerontes que han sobrevivido al ataque de los niños metrofóbicos, están prácticamente ciegos. De hecho, su vista nunca ha sido buena debido a la particular estructura de su cráneo. Pero a eso se ha sumado el hecho de que, luego de la masacre, muchos se han negado a ver lo que sucede a su alrededor. ¿Cómo consiguen orientarse entonces a lo largo de sus migraciones? Al respecto, existen varias hipótesis. Algunos investigadores dicen estos animales poseen una sensibilidad especial frente a la fuerza centrífuga lunar. Otros, que tienen un órgano específico de la orientación situado en el interior de sus cuernos. Otros, en cambio, aseguran que estos perisodáctilos circulan por “autopistas” de viento, rutas de corrientes de aire que enlazan lugares distantes del satélite.
Aprovechando una nueva migración de los rinocerontes, me uno a ellos para volver a la Ciudad Imperial.

| Categorías: Luna llena (los rinocerontes lunares), Todas

Lo que te inventas es más real que lo que recuerdas

Frente a la muralla de la Ciudad Imperial, me detiene un guardia. Le muestro un carnet de lectora vencido de la Biblioteca, al cual he falsificado la fecha. El carnet especial de Asesora de Poesía me fue retirado al ser expulsada de la ciudad. Los carnets de lector de la Biblioteca de Poesía del Khan son muy escasos y de uso exclusivo dentro el recinto, ya que está terminantemente prohibido sacar cualquier información fuera de las salas de lectura. El guardia comprueba que el holograma en la tarjeta se corresponde con mi apariencia y me da paso. Sobrevuelan nuestras cabezas unas naves tanque, procedentes del Sextante 47. ¿Qué será lo que transportan?

Una vez atravesada la muralla, me echo por encima una vieja chilaba que le cambio a un campesino lunar por una piedra-lupa que recogí en los montes Pirineos, antes de ingresar en la montaña hueca que habitaba Ji Kang. Aprovecho que una fila de ciudadanos del Satélite espera ser recibidos por el Khan.  Cada día lunar -aproximadamente, cada mes terrestre-, Kublai escucha sus reclamos y sirve de conciliador en sus reyertas. Me echo sobre la cabeza la capucha de la chilaba y, escondiendo mi rostro, avanzo junto a ellos para entrar en Palacio.

| Categorías: Campesinos lunares, El Khan, La Biblioteca del Khan, Todas

El lado equivocado de las cosas

Al atravesar la gran puerta de nácar lunar, accedemos a los jardines del Palacio. Allí no hay ni nieve ni polvo de luna y siempre es primavera. En sus fértiles parcelas, corren sinuosos arroyuelos y crecen árboles de incienso. Por doquier se ven cantarinas fuentes y pérgolas entre cuyas vigas  se enroscan traviesos jazmines y rosales.
Una vez en el interior de Palacio, accedemos a la sala del trono. Puedo ver al Khan sentado en su imponente trono, rodeado de magistrados, prefectos y subprefectos. A sus pies, la doncella abisinia sigue tocando su salterio. Sin embargo, me llama la atención ver que el emperador parece como ausente. Reclinado con desgano sobre su asiento, observa las molduras del techo de la sala y presta nula atención a las demandas de los ciudadanos y ciudadanas que, uno a uno, van pasando frente a él. Finalmente, llega mi turno. Avanzo aún cubriéndome la cabeza, pero de golpe, alguien tira de mi capucha desde atrás y deja mi rostro al descubierto:
-¡Alerta!, ¡Alerta!
El Jefe de Inteligencia de Palacio me ha descubierto. La pista se la han dado mis borceguíes de Gore-tex cubiertos de polvo de luna que sobresalen del borde inferior de la chilaba. Difícilmente, un calzado utilizado por un campesino lunar verdadero.
-¡Detened a la ilegal desterrada!
Al haberle extraído el LAD los niños metrofóbicos, le han colocado un dispositivo externo de procesamiento de datos  que lleva debajo de su turbante.
La denuncia del funcionario crea un verdadero revuelo en la sala y un grupo de guardas mongoles se aproxima raudo hacia mí para apresarme.

| Categorías: El Khan, Todas

Decir que la nieve es blanca es verdad sólo si la nieve es blanca

-¡Dejadla en paz! – grita de pronto el Khan, recuperando su interés por lo que sucede a su alrededor.
Todos dirigimos a él nuestras miradas, asombrados.
– Su Majestad, he venido a devolver el libro robado del Gabinete de los Libros Secretos –me apresuro a enunciar abriendo mi pulsera detectora de ondas antigravitatorias.
-Oh, eso, ya…
El emperador no parece siquiera recordar el episodio funesto que me valió el exilio.
Lo cierto es que en estos momentos, como estoy a punto de enterarme, los problemas del Khan son mucho más graves.
-¡Conducid a Belen Gache de inmediato a la Biblioteca! – sentencia, levantándose y dando por terminada su Jornada de Escucha a los ciudadanos lunares.

| Categorías: El Khan, Todas

Bajo el ala aleve del leve abanico

3121819

El enorme recinto de la Biblioteca está vacío, la zona gráfica, la sala de medios proyectables, la zona de data y software, la zona de máquinas procesadoras y escanears, los escritorios de los copistas frente al enorme ventanal que da  al árido paisaje lunar en los alrededores del cráter Agatharchides, entre el Mare Humorum y el Mare Nubium. Todas las máquinas permanecen apagadas.
Los guardias mongoles se retiran. Ni bien nos quedamos solos, el Khan rompe a llorar como un desconsolado niño.
Confundida, no atino a saber cómo reaccionar.
– ¡Mi sueño!, ¡Mi ilusión de toda la vida! Todo se ha perdido para siempre…- solloza Kublai.
¿Qué ha sucedido?
A partir de la compra por parte del Autocompletador de Textos Poéticos por parte del auspiciante Reset Menus, el trabajo de reconstrucción de los textos se había acelerado de manera notoria. El Kahn estaba sumamente entusiasmado y esperaba ansioso el día en que la puesta al día de su flamante Biblioteca personal se concretara. Y el día llegó.
Vistiendo sus mejores galas de seda y con su loovuz de terciopelo rojo sobre su cabeza, el Khan bajó a la Biblioteca seguido por su séquito de funcionarios. Pero cuando las puertas de acceso fueron abiertas, nadie estaba allí para recibirlos: el lugar estaba vacío. Allí no estaba ni Scale Styles, ni su equipo de copistas, ni los copistas de la Vulpécula, ni ninguno de los otros empleados. Estupefacto y bastante ofendido, el emperador  imaginó el reto que iba a dar a su Departamento de Ceremonial.
Antes de retirarse, se le ocurrió coger un libro al azar y leer una hoja al azar:

¡Amoroso pájaro que trinos exhala
bajo el ala a veces ocultando el pico;
que desdenes rudos lanza bajo el ala,
bajo el ala aleve del leve abanico!

¿Qué es esto? El Khan cogió otro libro:

Pesado buey, tú evocas la dulce madrugada
que llamaba a la ordeña de la vaca lechera,
cuando era mi existencia toda blanca y rosada
y tú una paloma arrulladora y montañera.

Al borde del colapso, Kublai corrió hacia uno de los ordenadores y prendiéndolo, pudo leer en su pantalla:

¡Poetas!
¡Pararrayos celestes
que resistís las duras tempestades,
como crestas escuetas!

Todos los libros, todas las pantallas, todas las capturas de audio, la nube toda: ¡la Biblioteca toda estaba invadida por Rubén Darío!

| Categorías: El Khan, La Biblioteca del Khan

Toda realidad que se ignora prepara su venganza

Alarmada, me dirijo hacia uno de los estantes y cojo yo también, por mi parte, un libro al azar. ¡Es cierto! ¡Se trata de un libro de poesías de Rubén Darío! Enciendo los ordenadores uno a uno: Rubén Darío en cada uno de ellos. ¡Después de tantos meses de arduo trabajo reconstruyendo minuciosamente todo el material poético de la Biblioteca! Es una verdadera catástrofe.
Pero además, otro detalle llama poderosamente mi atención:los textos están escritos con letras de color verde y no con el azul de la tinta de alas de mariposa.

| Categorías: La Biblioteca del Khan, Mariposas azules, Todas

Tinta verde

El Khan advierte mi estupor. Debido a que la tinta azul de las alas de mariposa era cada vez más diluida y translúcida debido a la alteración en el ADN de los cocoterales del Mare Imbrium, el personal de la Biblioteca había decidido reemplazarla por la famosa tinta verde fabricada en las refinerías del Sextante 47, cuyos ingredientes se han mantenido secretos a lo largo de los años. La compra de tinta al Sextante había motivado la clausura del Laboratorio de Procesamiento de Tinta que funcionaba en el subsuelo del recinto, y la cesantía de todas sus operarias. De allí también que pesadas naves-tanque llenas de tinta verde surquen el cielo lunar de manera constante.

| Categorías: El Khan, Mariposas azules, Todas