En busca de la conciencia cósmica

Finalmente, y gracias a mi ECC (el Equipo de comunicación centralizado que siempre llevo en mi muñeca), llegamos al Oasis. Este lugar es conocido en la luna, por ser la sede de uno de los mercados negros más siniestros del satélite. Aquí se intercambian toda clase de objetos, seres y pedazos de cuerpos. Los vendedores son, muchas veces, los mismos traficantes, cuando no directamente los ladrones. Pertenecen a diferentes tribus nómadas como los dragovitas, los krivitas y los duleves. Ellos que arman sus improvisados puestos, algunos consistentes simplemente en una deshilachada manta que hace las veces de expositor.

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El área de venta de los dispositivos cerebrales

Me dirijo al área de venta de dispositivos cerebrales. Aquí, exhibidos sobre una frazada colocada directamente sobre la arena plateada del suelo, se pueden encontrar redes neuronales, áreas de Broca y de Wernicke, núcleos subcorticales, cortex fronto-mediales y dispositivos de adquisición lingüística exhibidos sin el menor orden y sin la menor higiene.  Aquí podré conseguir un LAD para el comandante. Elijo el que considero del tamaño adecuado para el cráneo de Aukan. ¿Cómo lo pago? Revuelvo mis bolsillos y extraigo una moneda. Es la moneda que, cuando aun trabajaba en la Biblioteca del Khan encontré en la Puerta Sur de la muralla: la moneda de plata de la constelación de la Serpiente, similar a los feluses del periodo de los emires. Se la entrego al comerciante.

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Vosotros tenéis sueños, nosotros tenemos pesadillas

Apenas me doy vuelta, dos dragovitas me cogen de los brazos y me arrastran con violencia hacia una de las esquinas del mercado. Allí, soy interrogada por otro dracovita de gesto adusto, ataviado con un albornoz y un tagelmust enrollado a su cabeza. ¿De dónde he sacado yo esa moneda de la constelación de la Serpiente?
Recién entonces puedo ver esos versos de Rubén Darío tachados en las lonas que cubren algunos de los carromatos de los comerciantes:
“El cantor va a pie por los prados, entre las siembras y ganados”
“Galopa pampas y llanos en potros americanos”
Aparentemente, las tribus nómadas de esta región de la luna se dividen entre aquellas aliadas a los metrofóbicos (dragovitas, krivitas, duleves) y aquellas aliadas a los monométricos (mazures y vistulanos, quienes intercambian regularmente mercaderías ilegales con viajeros de la constelación de la Serpiente). Su rivalidad es bien conocida y cada grupo conserva el dominio de determinadas  zonas. Ningún miembro de uno u otro grupo intentaría cruzar a territorio enemigo sin esperar represalias. Y yo acabo de pagar en un mercado metrofóbico con una moneda de los aliados monométricos.

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Cómo pensar (sin que el cerebro esté involucrado)

Evidentemente, no puedo decirle al jefe dracovita que, lejos de estar vinculados a los acólitos monométricos, el comandante Aukan y yo somos los líderes de la resistencia poética lunar en la clandestinidad. Manifestar esto frente a los miembros de una tribu metrofóbica equivaldría al suicidio.
Curiosamente, de esta espinosa situación nos salva nada más y nada menos que Domingo de Ramos.

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Del tren en el que voy nadie se baja

Todo el quehacer de los puestos se ve alterado por la llegada de Domingo de Ramos y un grupo de niños metrofóbicos que llegan cargados de bolsas repletas con cuernos de rinocerontes lunares, dispuestos a realizar transacciones ilícitas en el mercado negro de órganos.
-Aaaarrrrrgggg! Arrrrrgggggg! – gruñen abriéndose paso por entre los aturdidos comerciantes.
Ante la convulsión, todas las miradas se dirigen al pasillo central de la feria. Algunos, incluso dejan de hacer lo que están haciendo para acercarse, curiosos, a los recién llegados. Aprovecho la distracción general para empujar al comandante detrás de unos cajones llenos de clavículas y húmeros. Evidentemente, al estar Aukan prisionero dentro de una caja de metal sellada, la banda metrofóbica aún no se ha percatado de su fuga. Pero si llegaran a verlo aquí sería nuestra ruina absoluta e instantánea.
Antes de cobijarnos detrás de los cajones, alcanzo a coger un cuchillo y un tenedor de arriba de una de las mesas en donde los dragovitas merendaban unos jugosos filetes de canguro lunar, justo antes de ser interrumpidos por la intempestiva entrada de los niños metrofóbicos.

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De metanarrativas y peritextos

Empujo al comandante hacia las afueras del Oasis Australis y juntos nos perdemos nuevamente en la noche del desierto lunar. Caminamos durante horas, alcanzando finalmente un alto acantilado, cerca del Mare Vaporum. Es noche cerrada y nos envuelve la soledad gélida del cosmos.

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No es la mente, no es el Budha, no es la nada

Con una ansiedad que casi equivale a la agonía, preparo mis instrumentos quirúrgicos (a falta de otra cosa, el cuchillo y el tenedor dragovita), y me preparo para insertar el LAD en el cerebro del comandante, que permanece sentado sobre una piedra lunar. La arena de luna, que vuela a nuestro alrededor, agitando por el viento cósmico nos golpea el rostro y está a punto de extinguir la débil llama de una vela, la única luz que tengo a mano en este momento para realizar tan delicada operación.
Realizo un orificio en la parte superior del cráneo de Aukan e inserto el LAD justo en el medio del área de Broca y el área de Wernike. Apenas colocarlo, los ojos amarillos y apagados del comandante cobran brillo. Comienza a respira con fuerza y a mover sus extremidades de forma convulsiva. Pronto, sus balbuceantes palabras sin sentido se van metamorfoseando en frases cada vez coherentes. Algunas tímidas lágrimas ruedan por sus polvorientas mejillas.
¿Cómo puedo describir mis emociones en este momento? Con afecto, recuerdo el despertar de mi sueño criónico, en la nave Selena 47. Lo primero que vi al volver en mí, aun confusa y desorientada, fue la tosca y ordinaria aunque amistosa cara de un hombre, con una crecida y descuidada barba de varios días. “Hola, soy Aukan, el comandante de la nave. ¿Cómo se siente hoy?”, me dijo quien se convertiría en un entrañable compañero de aventuras.
Aukan seca sus mejillas con el sucio torso de una mano mientras deja caer la otra sobre mi hombro:
-Me has salvado la vida, Belen Gache.

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Donde los árboles de tejos soplan como hidras

El comandante me cuenta la manera en que fue abducido por los niños de Domingo de Ramos. La tarde había empezado a caer sobre el lado oscuro de la luna y el regresaba de una misión en los alrededores del Monte Hadley. Él había quedado rezagado respecto de sus hombres, observando con curiosidad una bandada de mariposas que había llamado su atención porque, en lugar de ser del clásico color azul de las que revoloteaban por esa región de la luna, eran de un fluorescente color naranja. Estaba distraído con estas cuestiones cuando de pronto sintió un fuerte golpe en la cabeza y perdió el sentido. Después de eso, sólo recuerda imágenes aisladas: el estar encadenado a la pared de roca de una cueva, el dolor de los meñiques cortados, la presión del casco con sensores electro-encefalográficos, los insoportables, estridentes y continuos gritos de los niños, las angustiantes paredes de metal del sarcófago en el que permanecía aprisionado.

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De subversiones dóciles y revoluciones imperceptibles

Observo a Aukan con una mezcla de ternura y compasión. Se lo ve cansado y envejecido. Evidentemente, él no sabe que ha sido suplantado por un doppelganger hologramático ni que todos los campesinos y poetas lunares piensan que ha traicionado la causa revolucionaria. Sin embargo, no me cabe duda de que un viejo y curtido mercenario cósmico como él sabrá sobrellevar un obstáculo como éste y salir adelante.
Recuerdo cuando, habiendo decidido ambos quedarnos en la luna en lugar de regresar a la Tierra, él decidió partir hacia los campos de corazones. Recuerdo sus apasionadas diatribas llenas de fervor: la revolución debía ser el punto de partida de todas las prácticas y debía manifestarse tanto en el proceso como en el resultado final de las acciones. Aukan pretendía promover el espíritu de sedición a lo largo y ancho de la luna y concienciar sobre la urgente necesidad de liberar a la región del las ambiciones del imperialismo lingüístico a nivel galáctico. Su insaciable sed revolucionaria y su utópica gesta lo habían llevado desde lo más profundo de las selvas ecuatoriales hasta la misma luna. Porque el comandante no era simplemente un revolucionario sino todos los revolucionarios y, para él, dudar de los procesos revolucionarios era como dudar de su propia existencia.

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Ya nadie puede determinar con certeza quién le está tratando de lavar el cerebro a quién

Beeep….beeeep…Nuevo contacto desde la Tierra del robot AI Halim. Una muy debilitada resistencia lucha por contener los embates de los lectores zombies hegemónicos que ahora han lanzado un nuevo contraataque: en esta ocasión, son ellos los que acusan a quienes han denunciado la manipulación mental de Refine Edges de quererles lavar el cerebro a ellos. Todo se ha vuelto confuso y las palabras han dejado de tener un sentido. Todas son acusaciones recíprocas y ya nadie puede determinar con certeza quién le está tratando de lavar el cerebro a quién.

***

El comandante Aukan se sorprende de escuchar el beeeeeep que sale de mi cavidad toráxica. Le cuento acerca de las novedades de AI Halim y la resistencia terrestre. Le cuento también acerca del descubrimiento de la obsolescencia programada del robot. La compañía Kanazawa ha dejado deliberadamente de proveerlo de actualizaciones de software y ha anulado sus retro-compatibilidades, con lo cual, pronto sus capacidades tecnológicas se volverán obsoletas al punto de que ya no podrá accionar y morirá. Al Halim se convertirá en un montón de chatarra de abandonware con un corazón latiente dentro: el mío.

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