Rastreo al GPS del pobre AI Halim hasta un basurero municipal en las afueras de Madrid. Este Parque Tecnológico concentra, desde 1978, todas las instalaciones de tratamiento de residuos urbanos de la ciudad. Hasta aquí llegan, todos los días, más de cuatro mil toneladas de desperdicios. Uno de los principales procesos que se desarrollan aquí es el de la separación y clasificación de materiales reciclables de equipos eléctricos y electrónicos. Los residuos de estos aparatos contienen materiales recuperables y otros que pueden resultar dañinos para el medio ambiente, como el tereftalato de polipropileno o las baterías de plomo. Allí, entre fragmentos de poliestireno y resortes descuajeringados, encuentro los restos del robot. Sus otrora despiertos y perspicaces ojos ahora son lentes muertas que miran hacia ninguna parte, opacas, vacías. La pantalla de su torso está rota, astillada en forma de una telaraña de cristal. Su cinta de deslizamiento derecha yace a unos diez metros de su carcasa, junto a unos cartones cubiertos de dudosos residuos orgánicos.
De poesías sin palabras y el estado de no-mente

Introduzco mi mano en la chatarra y, jalando con fuerza, extraigo mi palpitante corazón del interior del robot. Acto seguido, lo coloco en mi pecho y conecto una a una las aurículas, las arterias y las venas. Automáticamente, me invade un caleidoscopio de sensaciones. Flashes de imágenes se suceden en mi cerebro: de mi sueño criónico, del barracón de escritura, de los interminables pasillos de la Biblioteca del Khan, del cabaret guarida de los poetas rebeldes, de la biblioteca vacía de Ji Kang en el interior de la montaña. Y una y otra vez, intercalándose entre estas imágenes, los enormes ojos de AI Halim X9009 interrogándome: ¿Qué significa sentir? ¿Qué es el yo? ¿Qué es la poesía? ¿Qué significaba ser un poeta? De a poco, las imágenes van desapareciendo y me penetra una extraña sensación de bienestar.
El verdadero Dios

Me dirijo a las coordenadas que me dio el robot para localizar el lugar donde se reúne la resistencia poética terrestre, este verdadero “ejército en las sombras”: 40.385053, -3.713956 El sitio resulta encontrarse en el madrileño barrio de Usera: un local en la trastienda de un restaurante chino. Precisamente cuando llego allí, acaba de empezar un mitin clandestino.
Unas veinte personas, vestidas todas con sweaters negros de cuello de tortuga y fumando altas cantidades de tabaco, se agrupan junto a un improvisado podio, único punto de luz en la semipenumbra del recinto. Un joven de mirada intensa e insolente reparte unos panfletos. Recojo el mío. Es el Discurso escrito por el Comandante Aukan, destinado a ser leído ante los poetas prisioneros en la luna. Considero que se trata de un lindo gesto de homenaje.
El joven sube al podio, comienza a leer uno de los panfletos y todos los asistentes comenzamos a hacerle coro, a manera de una salmodía.
El Discurso de liberación de los poetas
Ejército de poetas. Ahora sois libres del tirano.
¿Por qué seguir prisioneros de las palabras?
Así como habéis derrotado a aquel que os sometía con sonetos, derrotad ahora a los ditirambos y a los yámbicos, a los octosílabos y a los alejandrinos.
Hoy os convocamos a uniros a nosotros
¡Liberaos del discurso que os oprime!
Nosotros somos las paradojas,
somos las metáforas,
somos los oxímoron.
¡Luchad contra las cárceles del lenguaje!
Denunciad a los adjetivos cardinales
Manifestad contra los verbos copulativos
No dejéis que las antífrasis cedan espacio ante las epíforas
No dejéis que las prosopopeyas retrocedan ante los apócopes
¡Abajo las elipsis! ¡Abajo las anáforas!
¡Abajo las categorías léxicas y preposiciones adverbiales!
¡Abajo la dictadura poética!
Todos leemos el texto a coro. Al llegar al final del texto, sin embargo, no puedo creer lo que ven mis ojos. Observo un detalle en el que no había reparado antes: ¡el texto no está firmado por el Comandante Aukan sino por el mismo Refine Edge!
De pronto, es como si comenzara a faltarme el aire. Arrojo mi panfleto al suelo y salgo del lugar lo más rápido que puedo.
El enorme cerebro palpitante que nos gobierna desde el centro mismo del ultramundo
Mareada, nauseada, debo cogerme de un farol en la vereda para no caer. ¡Traicioneras palabras que cambian de sentido según quién las pronuncie! Me he dado cuenta de que aquí, en la Tierra, ni las huestes metrofóbicas ni las milicias monométricas son los principales enemigos. Lo que sucede aquí, es que todos adoran escuchar siempre lo mismo y odian escuchar lo diferente; todos escuchan y repiten lo que más fuerte suena voluntariamente, sin que haga falta ni la censura ni de manipulación del lenguaje. Por eso,toda posible lucha por el sentido está perdida.
Tantas cosas han pasado desde aquella noche en que fui abducida de la tierra por los guardias mongoles del Khan que me llevaron prisionera a la luna. Si lo contara, nadie me creería. Desde entonces, todo ha sido como un largo y tortuoso sueño.
Camino por las calles vacías de Madrid y cruzo el puente de la Princesa. Es media noche. Una enorme luna llena se refleja sobre las aguas del Manzanares. Me siento a la vera del río. Observo el disco onírico y plateado. Parece ahora tan lejano. Incluso, esforzando un poco la vista, creo ver cruzar por él una caravana de rinocerontes lunares.
Extraigo el pequeño aleph literario, obsequio del Khan, que siempre llevo en mi bolsillo (de hecho, es la única publicación de la Bibliteca que no ha sido subida a las nubes galácticas espejo). Acerco la perla a mi pupila y observo simultáneamente en ella todas las poesías del cosmos, un multum in parvo lírico, plural, contradictorio; conjunto infinito de partículas, quarks, leptones de significados y significantes en colisión, en fusión, en desintegración , como átomos, como estrellas.
Pero la Tierra nunca comprenderá…
Sólo la poesía nos hará libres

Tras todo lo vivido, he comprendido que mientras haya en el universo seres que continúen confundiendo las palabras con las cosas, no habrá esperanza.
Levanto los brazos al cielo y, en el medio de la noche, grito:
Sólo la poesía nos redimirá de los espejismos del lenguaje, ¡sólo la poesía nos hará libres!
