¿Es la obsolescencia programada un asesinato?

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AI-Halim yace sobre una mesa de desguace improvisada en la única habitación de la corrala. Sus fragmentos diseccionados están expuestos a la única luz que entra por una claraboya en el cielorraso: fragmentos de poliestireno, resortes descuajeringados, las lentes de sus ojos muertos, sus cintas de deslizamiento, la pantalla de su torso rota y astillada en forma de una telaraña de cristal.
Al dejar la compañía Kanazawa de proveerlo de sus actualizaciones de software y de anular sus retro-compatibilidades, el robot ha muerto. Pero, ¿qué ha sucedido con sus discos duros? ¿Qué es lo que Belén Gache pretende recuperar de ellos con la ayuda del ingeniero de sistemas Brush Strokes? En primer lugar, al estar inhabilitado el update de sus antivirus, los archivos de AI-Halim se han corrompido al ser infectados con poderosos virus informáticos cósmicos como, por ejemplo, el MetaSlammer o el PoisonDoom. En segundo lugar, los enormes magnetos destinados a la separación de chatarra en el vertedero de Valdemingomez han desmagnetizado su disco, borrando gran parte de la información que aun quedaba allí intacta.

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