Lluvia de estrellas (de cómo el gato cuántico me salvó la vida)

El Mare Nectaris es un mar situado en la cara visible de la luna. Data de la era Nectárica, a la cual da nombre. Tiene una forma circular de aproximadamente 350 km de diámetro y ocupa la parte central de una amplia cuenca de impacto inundada por lava. El gato cuántico y yo debemos cruzar uno de sus extremos rumbo a los Montes Pirineos, donde habita Ji Kang.
Al igual que ocurre en el lado oscuro de la luna, aquí el terreno también está cubierto con laetiporus, esos hongos amarillentos, con fulgor fosforescente y  textura similar a los volados de un traje flamenco. El gato y yo nos sentamos a descansar y a comer algunos de estos hongos para reponer fuerzas para nuestro largo viaje. De pronto, quedamos extasiados viendo cómo, desde el cielo negro que cubre el satélite, cae allá en el horizonte una enorme estrella dorada. Una maravillosa estrella errante. Un cometa lleno de ilusiones. Pero, oh sorpresa, a esa estrella la sigue otra, y luego otra, y pronto, una lluvia de piedras comienza a caer sobre nuestras cabezas. Lapidados cósmicos, miramos a nuestro alrededor, pero no hay en el Mare Nectaris ningún sitio donde guarecernos. Dada la ausencia de atmósfera lunar, las ruinas espaciales caen sobre el terreno lunar sin nada que les sirva de filtro y golpean la superficie con gran energía. De hecho, se estima que un meteorito de 5 kg puede excavar, al caer en la luna, un cráter de 9 metros de profundidad. ¿Qué hacer para no morir sepultados bajo esta pila de escombros galácticos?
Es entonces cuando el gato cuántico, utilizando los poderes psicoquinésicos de su mente, genera alrededor nuestro una burbuja virtual que nos protege de los cascotes. Desde su interior, podemos verlos golpear sobre nosotros y rebotar, cayendo a nuestro alrededor sobre la plateada superficie de la luna, levantando nubes de polvo.

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La puerta hacia lo invisible debe ser visible

Los montes Pirineos lunares consisten en una cadena montañosa que bordea el Terminador, al sur del Mare Nectaris. Se levanta como una alta pared que se creó al elevarse la corteza lunar a causa del impacto de un descomunal meteorito, hace millones de años. De todas las montañas que forman esta cordillera, hay una especial; una que no puede ser vista por el ojo humano, salvo en determinadas circunstancias angulares y lumínicas. Al igual que el monte Análogo, existe en un pliegue de un espacio no euclideano y Ji Kang habita en su interior.
El gato cuántico y yo esperamos el momento preciso en que la larga sombra del borde del cráter oscurezca la ladera este de la cadena pirenaica lunar. Luego nos acostamos boca arriba sobre el polvo y sacamos un espejo curvo de nuestras mochilas. Lo enfocamos hacia la cordillera y allí podemos ver una grieta entre dos montañas que no habíamos podido percibir antes. Ésta nos indica el paso hacia nuestro destino. Entramos.

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La biblioteca infinita excavada en el interior de la montaña no euclideana


Ji Kang, el chino sabio, habita en el interior de una montaña hueca. Se trata de una inmensa gruta excavada en la roca.  Pero la más impresionante es que el interior de este monte invisible en un pliegue del espacio tiempo, se encuentra la biblioteca más grande que yo jamás haya visto. Incluso es mucho más grande que la biblioteca del Khan. Miles de estanterías cubren las rugosas paredes de piedra atestadas de libros, diarios, revistas, cintas de audio,  toda clase de data y toda clase de soportes para guardar documentos digitales, pantallas, proyectores, grabadoras, mis ojos se pierden sin poder abarcar todo el material que, desde aquí, parece infinito.
Ji Kang se acerca a nosotros como levitando a unos pocos centímetros del suelo.
– Bienvenidos a mi humilde morada- exclama.

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Cambiará el universo pero yo no

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Ji Kang es muy anciano. Puede que tenga más de 1000 años. Una larga barba color ceniza cae sobre su pecho y llega casi hasta el suelo, al igual que su coleta, que baja por su espalda en una delgada trenza. Él y el gato cuántico caminan delante de mí, poniéndose al día con las novedades de Arham y las complicaciones que aquejan a la ciudad lunar, habidas cuentas de las erráticas y represivas conductas del comandante Aukan y de la creciente violencia metrofóbica de Domingo de Ramos y su banda.
Unos pasos por detrás, me retraso admirando la inmensa biblioteca. Me acerco hacia uno de los estantes al azar y cojo un libro, también al azar. Qué curioso: está en blanco. Cojo otro libro de otro estante: también está en blanco. Me fijo en las pantallas encendidas en algunos de los escritorios: están vacías. Inquieta, voy de un libro a otro, de una pantalla a otra: todo vacío y en blanco. En esta biblioteca no hay palabras.
– ¿Qué es esto, Ji Kang? Tus libros y tus pantallas están en blanco. ¡Aquí no hay ninguna palabra!
Deteniendo sus pasos, Ji Kang se vuelve hacia mí y, observándome con una tierna sonrisa, me responde:
-Puede que aquí no haya palabras para ti. Para mí sí que las hay. Cada vez que miro uno de estos libros o pantallas, en mi mente aparecen toda clase reflexiones y de historias. Quizás el leer tiene que ver más que con sólo las palabras que están en una página o una pantalla. ¿Nunca lo habías pensado?

Antes de partir, Ji Kang me entrega un sobre cerrado y me indica que no lo abra hasta que el cielo de la noche negra se vuelva rosado.

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Frunce el entrecejo y ya se te ocurrirá una estratagema

A partir del ataque sufrido, los rinocerontes lunares han optado por cambiar sus rutas habituales. Aun así, el gato cuántico, que ha recorrido con ellos largos trechos, los sigue utilizando para orientarse y llegar a destino, uniéndose a sus caravanas. Junto con los rinocerontes lunares, esos unicornios cósmicos, el gato y yo partimos rumbo al norte, de los montes Pirineos hasta la ciudad de Arkham.

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No sólo el fuego entre nosotros arde

Luego de una agotadora jornada de marcha escalando escarpados acantilados lunares, resbalando por las laderas de los glaciares de olivina y piroxeno y hundiendo nuestros pasos en la porosa lava solidificada del Mare Nectaris, los rinocerontes se han dormido.
El gato cuántico y yo nos disponemos a descansar junto a una fogata que el felino ha encendido con la mente. ¡El frío es tan intenso en estas latitudes! La danza hipnótica del fuego se refleja en nuestras pupilas y enciende en ellas titilantes y aletargadas chispas. Y justo cuando estoy por rendirme al sueño, escucho nuevamente …………….beeep……………..beep…….el robot AI Halim intenta comunicarse conmigo desde el planeta Tierra.

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De lavados de cerebro y obsolescencias programadas

En la tierra, la resistencia a los efectos de El Manual del Lavado de Cerebro, el best seller de Refine Edge, es cada vez más débil. De nada han valido las advertencias ni las llamadas de alerta de aquellos pocos que aún poseían libertad de pensamiento. Los que no han caído voluntariamente bajo su influjo, lo han hecho de manera inconsciente.
Pero el robot AI Halim X9009 tiene ahora otros problemas. En las líneas de programación que aparecen con los estridentes colores verdes de la  pantalla de cristal líquido de su pecho, se ha desplegado, vaya a saber por qué bug en su programación, otra subrutina secreta. Se trata nada más y nada menos, que de los algoritmos que regularán su obsolescencia programada, establecida desde que fue ensamblado por la empresa productora de robots Kanazawa.
AI Halim, la compleja máquina de última generación especialmente dotada con sets adicionales de información semántica, sintáctica y lexical, especialmente dotado con un complejo programa de reconocimiento de poemas, está pronto a morir. Y mi propio corazón se halla en el interior de su carcasa.

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¿Qué es realmente la poesía?

Si bien en su momento yo había renunciado voluntariamente a que mi corazón fuera reinsertado en mi pecho, fue determinante para mi decisión el hecho de saber que éste sería destinado al robot AI Halîm X9009. Es verdad que, al principio, para mí el robot era poco más que una lavadora ambulante, un mero procesador de algoritmos. Pero a partir de las cosas que nos tocó vivir juntos, le fui tomando aprecio. No sé. Quizás fueran esos profundos ojos metálicos o quizás  la inusitada intensidad en su mirada. Quizás, su manera de poner en duda todas las certezas y todos los lugares comunes de los humanos. ¿Qué significa sentir? ¿Qué es el yo? ¿Subjetividad es igual a emoción? ¿Qué es realmente la poesía? Puede que AI Halim no tuviera aun auto-conciencia, pero eso no le impedía tener interrogantes. Pero ahora, él dejará de existir. Y esto me produce una enorme tristeza.

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Mantras estereofónicos (el gato cuántico me salva la vida por segunda vez)

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Llegando a la periferia de la ciudad de Arkham, el gato cuántico me entrega una pastilla de color naranja. ¿Qué es esto? Aparentemente, si la tomo me permitirá permanecer un par de horas sin respirar. Pero el gato no aclara más nada.
La ciudad está, como siempre, cubierta con cartones, mugre y basura. En general, las calles están prácticamente vacías, salvo por alguno que otro campesino lunar famélico y desarrapado, buscando algo de comida entre los desperdicios. Pero hoy es diferente. Puedo ver que varias personas deambulan sin rumbo cerca de nosotros y, sobre todo, me alarma el notar que llevan puestas máscaras de gas.
Un campesino desdentado se acerca a nosotros para pedirnos comida. La capucha de su sudadera le tapa parcialmente el rostro y la máscara de gas hace otro tanto. Lleva una botella vacía en la mano. ¿Qué está sucediendo? Los cuadros del comandante Aukan han rociado la atmósfera de la ciudad con nitrito de piroxeno. Lo hacen con frecuencia y el efecto de la nube tóxica dura aproximadamente dos horas. ¿Por qué? Aukan quiere acabar con todos los campesinos lunares con su veneno. Pero ¿cómo es posible? Me niego a creer que el comandante Aukan que yo conocía, aquel idealista con quien llegué a la luna en la Selena 47, haya sido capaz de hacer semejante cosa. Me decido a investigar qué está pasando. Intentaré contactarme con el comandante por todos los medios y exigirle una explicación. De momento, el gato cuántico me ha salvado la vida (por segunda vez), con su pastilla naranja.

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Amenazando con derribar al sol

Nos dirigimos al centro de la ciudad y, una vez allí, entramos en la guarida de los poetas extremos. Tras una densa nube de humo, la baronesa Morgen Sterben practica sobre el scenario la danza de la grulla acompañándola con cacofónicos alaridos y exaltadas amenazas con derribar al sol. Lleva puesta una peluca rosada y su rostro y cuerpo están cubiertos de pancake dorado. De tanto en tanto, esconde su rostro detrás de un enorme abanico de plumas de pavo real bordadas con perlas. El público, mientras tanto, intercambia samizdat y chapbooks prohibidos manuscritos o escritos en viejas máquinas de escribir clandestinas e imagina revoluciones imposibles.

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