21
La Argentina
Filed under: Scrapbook | Tags: | mayo 21st, 2025
Kazuo Ohno (1906-2010) fue un bailarín japonés que se vio convertido en una figura emblemática del Butoh. En su juventud, en 1929, Ohno había asistido a una actuación de Antonia Mercé “La Argentina” en el Teatro Imperial de Tokio. Ésta lo impactó de tal manera que dejó su carrera como profesor de gimnasia y decidió dedicarse a la danza. Luego vino una época de gran sufrimiento. Kazuo Ohno pasó nueve años sirviendo en la guerra y, al regresar a su hogar, quiso reivindicar la importancia de la vida a través de la danza. En los años 50, conoció al coreógrafo Tatsumi Hijikata, quien lo inspiró para comenzar a experimentar con el Butoh.
El Butoh fue desarrollado en Japón, a fines de la década del 50, por Hijikata. Se trata de una serie de técnicas de danza que se basan en el control-no control del cuerpo y acentúan las fuerzas internas o externas que lo mueven en vez de enfatizar sus movimientos conscientes. Esta forma de arte incluye imágenes lúdicas y grotescas, temas tabú y entornos extremos o absurdos. Tradicionalmente, se realiza con maquillaje blanco y movimientos lentos e hipercontrolados. Abreva tanto en la tradición japonesa del arte escénico -Teatro Noh, Kabuki- como en el arte de las vanguardias europeas -especialmente el dadaísmo, el surrealismo y el expresionismo alemán, con bailarinas como Mary Wigman-. Sus influencias van desde Nijinsky hasta Marcel Marceau, pasando por Antonin Artaud y su Teatro de la crueldad y explora temáticas como la existencia, la condición humana, la muerte. Las primeras obras de Hijikata estaban inspiradas en escritores europeos como el Marqués de Sade o el Conde de Lautréamont. También se inspiró en Jean Genet, su idea de “criminalidad” y su personaje de Divine. Su primera pieza de Butoh (1959) se basó en Kinjiki (Colores Prohibidos), la novela de Yukio Mishima que explora el tabú de la homosexualidad. Sus referencias sexuales y la violencia de la coreografía impactaron en la época a los espectadores.
Luego de una pausa de diez años, en 1977 Ohno volvió a los escenarios. Lo hizo con el espectáculo Admirando a La Argentina, que consistía en una danza que duraba toda la noche, inspirada en Antonia Mercé. El solo de Kazuo Ohno, dirigido por Hijikata, se estrenó en noviembre de ese año en el Daiichi Seimei Hall de Tokio. Comenzaba con escenas autobiográficas de Ohno que terminaban desembocando en la presentación de la vida de La Argentina. Luego, ambos personajes se fusionaban y Ohno terminaba convirtiéndose en ella.
Antonia Mercé había nacido en Buenos Aires en 1890. Hija de padres españoles, su padre fue nombrado director del cuerpo de baile de la Ópera de Madrid, ciudad donde se radicó su familia. Aunque ella había tenido una formación como bailarina clásica, decidió estudiar danzas populares españolas. Su idea era fusionar lo popular con las vanguardias. El arte de Mercé logró reconocimiento mundial, realizó numerosas giras internacionales y llegó a trabajar con músicos como Albéniz y Manuel de Falla y con bailadores como Vicente Escudero o Miguel de Molina (este último, dicho sea de paso, vivió más de 50 años en Buenos Aires, en donde se había exiliado por su condición de republicano y homosexual).

